sábado, 26 de enero de 2019
CAPITULO 28
La multitud esta agitada.
Durante el último mes, hemos tenido más de 500.000 personas en cada estado.
Extraño. Pero de alguna manera me siento como si conociera a estas personas. A veces es la mirada en sus ojos. Como si Pedro fuera su única esperanza en el mundo.
Habla con ellos sobre todo, no sólo del presente, sino cómo moldear el futuro dentro de nuestro presente. Cómo las decisiones que tomamos afectan ahora a los que no han vivido aún.
Nuestros mejores compromisos son con los niños. ¿Pero sabes qué?
¡No pueden votar!
Y aun así, son mis favoritos.
Hay algo acerca de Pedro cuando está con los niños que se clava en mí en muchos niveles.
Hoy estamos en un hospital de niños, he estado repartiendo golosinas a los chicos, cuando Pedro se acerca a mí y me dice que es hora de irse.
Es entonces cuando uno de ellos grita—: ¡Bésala, Pedro, bésala!
Carlisle murmura al instante en dirección a Pedro.
—Sí, es probable que la oposición quiera colgarte más tarde.
—Es un chico —Pedro le dice a Carlisle, riendo.
Éste le dispara una mirada divertida, entonces nuestros ojos se reúnen, algo travieso acecha su mirada mientras levanta mi mano y pasa sus cálidos y aterciopelados labios por mis nudillos.
Hay una chispa en su mirada oscura, recordándome que ambos sabemos un secreto que nadie más que él y yo sabemos.
Se acabó demasiado pronto; y se me cae la mano como si él me quemara y trato de centrarme en los niños encantados, todo risas debido a lo que hizo Pedro.
El toque se queda conmigo. Se queda conmigo mientras nos dirigimos hacia el coche, donde los reporteros experimentados habían estado deambulando para mirar a través de las ventanas del hospital.
—¡Pedro, hazlo de nuevo, nos lo perdimos! —Le grita la prensa.
—Bueno. —Sonríe mientras me ayuda en el coche y cierra la puerta. Nos marchamos. Estoy en silencio, la mano que me besó es una especie de bola que protectoramente puse sobre mi regazo. Estoy al tanto de nuestros hombros a pulgadas de distancia. Nuestros muslos tocándose, su aroma en mis pulmones.
Y su beso se mantiene. Su toque se mantiene.
Él permanece.
Cambio y pongo un poco de distancia entre nosotros pretendiendo mirar por la ventana. Mis pensamientos hacen una carrera con los latidos de mi corazón. Lo siento mirando mi perfil, su sensación como un peso tangible en mí. Él sabe cómo te sientes, Paula.
Sabrá que una parte de mí solamente está pensando en: bésame. Bésame cuando estemos solos. Bésame porque quieres, como lo hiciste en D.C.
Lucho contra la sensación toda la noche en mi habitación de hotel, diciéndome que es mejor que no nos hayamos buscado después de esa noche en el Tidal Basin. Es arriesgado, y el futuro del país importa más de una semana o un mes de deliciosa actividad sexual.
Pedro estaba complaciendo al niño en el hospital, me recuerdo a mí misma. Pero no importa cuánto lo analice, las palpitaciones no se detendrán; quiero esto que crece por él y crece dentro de mí sin ningún lugar para ir.
Me dirijo a la cama temprano, con imágenes de verlo trabajar esa mañana en el gimnasio del hotel bailando por mi cabeza.
Le encanta hacer ejercicio. Ha estado dándole a esta campaña todo lo que tiene. Me pregunto si es tan arduo en amar como lo hace con el resto de las cosas que hace. Me lo imagino en el cargo más alto en la tierra, su cama siempre caliente por alguien capaz de aliviar las tensiones de Presidente que debe soportar.
Siento una punzada de celos, a continuación, presiono mis labios, disgustada conmigo misma y empujando los pensamientos de mi mente, opto por recoger algunos de mis archivos de trabajo porque ya sé que no seré capaz de conciliar el sueño todavía.
Agarro mis plumas y empiezo a hacer notas cuando hay un golpe en la puerta.
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